Cómo la innovación y la certidumbre jurídica definirán el futuro agrícola de México - AMSAC

octubre 1, 2026

 

  • El clima extremo, la falta de regulación y elevados costos han puesto al campo literalmente contra las cuerdas, por lo que es apremiante recurrir a la tecnología para esquivar una crisis alimentaria

Por Mario Puente Raya, Director Ejecutivo de la AMSAC.

Aunque México se ha consolidado como una potencia global —ubicándose entre los cinco principales exportadores de frutas y hortalizas del mundo—, los cimientos estructurales de este éxito están siendo puestos a prueba por el cambio climático, la falta de regulación clara en el país y un entorno tecnológico que evoluciona rápidamente.

En el corazón de esta transición se encuentra la industria de las semillas, el primer y más crítico eslabón de la cadena agroalimentaria, por lo que redefinir la semilla se vuelve fundamental no solo como un insumo, sino como una herramienta estratégica para la resiliencia económica y la seguridad nacional.

En el contexto económico actual, factores como un tipo de cambio apreciado y el incremento en el costo de los insumos (fertilizantes y energía) han reducido los márgenes de ganancia a niveles que podrían implicar un riesgo en la sostenibilidad del productor.

Bajo estas circunstancias, la genética de alto potencial se convierte en el “escudo financiero” más importante para el agricultor. Veamos cómo:

Incrementar el rendimiento por hectárea transforma por completo el perfil de riesgo de una empresa agrícola, permitiendo diluir los costos fijos y proteger la inversión frente a la volatilidad del mercado.

Sin embargo, para capitalizar este beneficio debemos acelerar la transición hacia materiales híbridos y mejorados.

La industria de las semillas invierte de manera constante entre el 10% y el 15% de sus ventas en investigación y desarrollo para elevar el “techo de productividad” en el campo.

Más allá de la estructura física, la edición genética (particularmente mediante CRISPR) representa un cambio de paradigma. Esta tecnología permite editar características de un cultivo sin incorporar genes exógenos de forma muy precisa —como resistencia a sequías o plagas— en una fracción del tiempo que requiere el fitomejoramiento tradicional.

Así, esta semilla genéticamente editada no es solo ciencia, se convierte en un escudo financiero para el agricultor, pero esta súper semilla no sirve de nada si la ley prohíbe plantarla.

Limbo regulatorio

Mientras países de América Latina como Argentina y Brasil ya cuentan con marcos regulatorios claros que permiten comercializar estos productos, México se mantiene en un “limbo regulatorio”.

Aunque México fue pionero en biotecnología, en este momento, llevamos sobre nuestra espalda, un enorme rezago regulatorio. Necesitamos certeza jurídica, sin ello, podemos perder competitividad y, lo más importante, seguridad y soberanía alimentaria.

Es crucial construir un marco normativo basado en evidencia científica, que otorgue certidumbre a los desarrolladores y ponga estas herramientas al alcance de los productores nacionales.

Para garantizar que tengamos comida en la mesa mañana, México necesita urgentemente actualizar sus leyes.

La necesidad de estas innovaciones es evidente ante efectos tangibles del cambio climático. Un ejemplo alarmante ocurrió recientemente en Sonora, donde la escasez de “horas frío” durante el invierno desplomó los rendimientos de trigo de un promedio habitual de 6.5 toneladas por hectárea a solo 4.3 toneladas. Esta pérdida no se debió a falta de agua, sino a un cambio climático que las variedades de semilla actuales no estaban diseñadas para tolerar.

Hoy para decidir bien ya no solo basta con mirar al cielo, la integración de herramientas de big data e inteligencia artificial nos permitirá predecir brotes de plagas, optimizar la fertilización y proteger la salud del suelo —nuestro activo más valioso frente a la erosión— convirtiendo al campo en una actividad más predecible y eficiente.

Si abrazamos la innovación con reglas claras, protegemos la propiedad intelectual y fomentamos alianzas público-privadas sólidas, lograremos el triple objetivo que el país necesita: generar prosperidad en el campo, asegurar el abasto de alimentos y reducir el impacto ambiental.

Las semillas de nuestro futuro están listas, solo necesitamos generar las condiciones idóneas para dejarlas crecer.

*Estas reflexiones surgen de las discusiones mantenidas durante la Convención Anual de la Asociación Mexicana de Semilleros (AMSAC) 2026, celebrada el 6 y 7 de agosto en Cancún, Quintana Roo. En este encuentro, representantes de las empresas asociadas – que abarcan el 80% del mercado de semillas mejoradas- y líderes de toda la cadena agroalimentaria —incluyendo representantes del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y representantes del gobierno— se reunieron para abordar una encrucijada histórica para nuestro país.

Lee el texto publicado originalmente en inglés en Mexico Business News.